textos

Fernanda Rodrigo en la Fundación Lebensohn

Lugares posibles: citas y encuentros con Cristina Coll y Claudia Toro

Texto curatorial: Ahora este lugar posible

 

Ahora este lugar posible, de proceso, de encuentro, de sentidos dichos sobre y desde otros sentidos. Qué es la palabra sino el modo de hacer carne, pliegue e indicio. Y la mirada reina como paisaje a golpe de pincel, de punta afilada que talla membranas vivas, haciendo cuerpo resonante, cuerpo con historia, reinventada.

Tiempos rehechos donde existen aproximaciones a un estado que se inventa a sí mismo, como un modo de explorar la vida; territorio arduo de surcar, con cada trazo seminal la materia resguarda en su núcleo algo que aquí puede insinuar con tenuidad que la tela es una piel donde se refleja la vida.

La poética es el modo y aquí la cita retomando en territorios contiguos algunos aspectos que continúan activando puntos de encuentro. El gesto poético conlleva el acto de la mirada, de la escucha, del cuerpo membrana que percibe.

 

Desde dónde se provoca este gesto, el accionar en la obra de Rodrigo, las innumerables conexiones de donde se desprende; la lectura, la escucha, el silbido de la letra, expulsada desde el órgano que genera el verbo y la mirada en el tiempo… ahora, antes, luego, dentro, fuera, en el aire, en el cielo, en la tierra.

La referencia es necesaria, la fórmula para que la máquina funcione, y los engranajes que aquí comienzan a ser órganos, partes de un paisaje, significado en el gesto de la mano, que lo contiene y lo expone. Otra mano lo desata y es pliegue abierto hacia adentro, conformando nueva estructura, nueva piel de sentido.

Rodrigo sostiene contra el pecho y contra el vientre el corazón, horno de la vida, dónde nacen los suspiros entre línea de color y línea de luz que es calor y humanidad, que conecta al Greco con Saramago, el pincel con la lengua en tiempos desmesurados.

Coll pinta en la delgada voz de Velázquez, humedades y sombras filtradas por la luz de una historia. Su relato se hace suave piel pausada sobre la tela. Y la lente adelanta, revierte, reviste, el hueco de la voz en atenta mirada fuera de campo.

Sueños, enlazo sueños, grafías indelebles y a su vez invisibles.
Todo se ha dicho ya… todo está por verse.        

Claudia Toro, Septiembre 2014

Fernanda Rodrigo en la Oficina Proyectista

En el corazón del bosque

 

Cuando nos adentramos en el corazón del bosque descubrimos que nuestra mirada cambia, se hace más sutil, más honda; así, lo oculto emerge con la luz, y mezclando con lo evidente forma algo nuevo, algo que no es la mera suma de realidades, sino una realidad nueva, más densa, más plena, más real.
Y entonces cada uno puede ver una verdad que le es propia, como es propia la mirada, ya que lo que vemos es aquello que tenemos dentro desde siempre; lo que nos da nuestra pulsión y nos conforma. 

Fernanda Rodrigo, Abril 2012

La construcción de la obra


Este texto sólo pretende ser un análisis formal de mi obra desde que se inicia, en 2005, lo que considero mi camino actual. Trataré, por tanto, de arrojar algo de luz sobre la evolución que ha ido teniendo la idea, y sobre los mecanismos de construcción de mi obra, no sobre la idea ni la obra en sí mismas.


Así, la evolución de la idea y el modo de representarla han transitado varios periodos. Entre los años 2005 y 2006 trabajo presentando, sobre un rojo o un negro pleno, las flores y los órganos. La elección del órgano está en relación no sólo a lo formal, sino también a lo que éste sugiere inmediatamente: la vida, la muerte, lo frágil, lo efímero. Luego, la elección de las flores como otra representación de lo mismo, también como aquello que se elige para acompañar lo bello, para dar vida, pero igual de frágil y efímero. Llevo la pintura a un lugar casi preciosista de cuidado en el color y la forma. En este periodo, el color extrema entre el naturalismo que da el rojo y el dramatismo del negro.


En una segunda etapa, entre 2007 y 2008, el grupo de obras está representado por pinturas de gran tamaño y color. Si bien la composición sigue centrada y en relación al órgano, el tratamiento del color es distinto al usado hasta ese momento, perdiendo naturalismo. La idea introducida es más cercana a la que tenían los pintores mejicanos como Rufino Tamayo; trabajo con lo idea de desdramatizar, ironizar, sin perder potencia.


En este período compongo también una serie de cerámicas imitando órganos. Después de modelados, las mismas son pintadas con acrílico, realzando unas laceraciones (como las de Jesús y de los santos que vi en el Museo del Barro, en Paraguay) que de algún modo se asemejan más a la piel de un animal que a una herida, planteándome lo mismo que en la pintura: desdramatizar (aunque en este caso seguramente no es lo que los artistas se proponían).


Paralelamente a esto, realizo unas pinturas en blanco y negro, trabajando el claroscuro, como si dibujara con el pincel, en un anticipo de lo que vendría inmediatamente después.


En el año 2009 la producción plástica se compone de dibujos. Realizo una serie de gran tamaño de carbonilla, sobre tela en su mayoría, donde no aparecen la flor ni el paisaje. El carbón puesto y borrado, la imagen castigada y erosionada en unos; en otros, los órganos superpuestos, pesados, amontonándose sin cuidado en la referencia al modelo real. Así, el tratamiento formal se va perdiendo, lo real se difumina, y gana lo onírico, la segunda lectura: lo que late debajo, lo que sólo se puede entrever. De algún modo, esta serie apunta a lo que es verdaderamente visceral.


A partir de finales de 2009, y en mayor medida en 2010, la composición, más descentralizada, da lugar a la aparición del paisaje ocupando el espacio que antes era sólo color. Una frase que leí de Saura sirve como ejemplo de lo que me  guía en cuanto a la búsqueda estética: “Convertir esto en algo palpable, más bello que lo real”. Así, elijo elementos del interior (órganos tomados del Rouvière) y del exterior (flores de Blossfeldt, paisajes como los de Hokusai), y los sitúo en una composición ajena a ambos, donde lo que se persigue es lo formal; la creación de una realidad no irreal, sino nueva.


Esta idea imprime en mi acción sobre los materiales el uso nuevas técnicas y formatos a partir de 2010, en la serie “(de)velados”, en la que juego con el concepto de lo visible y de lo velado. Uso superposiciones, transparencias, fibras sobre acetatos, tintas sobre acrílicos, negatoscopios… La luz y la sombra tienen en esta serie un protagonismo capital: así, en algunas obras de la serie, las capas de dibujo y pintura, dispuestas sobre materiales transparentes o translúcidos, se proyectan sobre un fondo determinado, generalmente blanco, en el que se acumulan sus sombras, formándose una realidad distinta de la suma de sus realidades. En otras obras, dispuestas sobre negatoscopios que se retroiluminan al accionarse una célula fotoeléctrica según se acerca el espectador, la imagen se va develando al mirar más cerca, más dentro. Superpongo mundos, imágenes que cobran otro sentido al mostrarse desde su interior; así, lo que esconde la primera capa son otras capas que, iluminándose desde dentro, son develadas, creándose otro todo, otra imagen. Al igual que en las placas médicas, lo verdadero sale a flote, se convierte en otra realidad: lo bello pasa a segundo plano, y lo idílico se transforma en inquietante. O viceversa.


Es quizás esta última fase un buen resumen, a nivel conceptual, de la construcción de mi obra, y de su evolución: desde los órganos y las flores hasta los paisajes y las superposiciones; desde lo que florece y se marchita y la carnalidad que es abierta en canal, hasta el develarse de todo lo que esconde lo que es bello.


Fernanda Rodrigo, Diciembre 2010